Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

¿Cuál fue la guerra más corta de la historia?

JAVIER MAURICIO | 9/1/2017
El ser humano se odia a sí mismo. Sólo esto puede explicar tanta guerra y tanta muerte como aparece en los libros de historia. Pero, puestos a elegir, mejor si la cosa se hace rápido, como cuando hay que quitar el esparadrapo de una herida.

La guerra entre Zanzíbar y Reino Unido se lleva la palma en cuanto a conflictos exprés. Estas dos islas se enfrentaron a los ingleses y en tan solo treinta y ocho minutos el problema estaba apañado. Y es que, pudiendo hacer las cosas rápido, ¿para qué entretenerse?

Para leer este artículo:



Algunas veces nos pensamos que somos libres sólo porque otros nos lo dicen. Eso le pasaba a Zanzíbar, que, aun gobernada por un sultán, estaba bajo la protección del Reino Unido. Esto significa que puedes correr si yo te doy permiso para que corras, puedes saltar si yo te doy permiso para que saltes, y puedes ir al baño si yo te doy permiso para que vayas. Lo que se salga de ahí contradice al sistema. Y éste, que es simpático cuando le interesa e implacable cuando se le antoja, no ve con buenos ojos que la gestión –por no decir marionetas- cambie de buenas a primeras sin su supervisión. Así que tras la muerte del sultán de Zanzíbar, y haciendo poco o ningún caso del poder inglés, se le ocurrió al primo del fallecido la genial idea de auto-proclamarse nuevo sultán del lugar. Reino Unido, que no lleva bien eso de sentirse insignificante, pidió al tipo que abandonase el cargo, pero éste, que era contrario al dominio inglés, les llamó hijos de la Gran Bretaña y les mandó a freír espárragos. Por si esto fuera poco, colocó baterías de artillería apuntando a la bahía, donde se encontraban numerosas naves de la Armada Real, y le pidió al pueblo de Zanzíbar que se uniese a él en su lucha por alcanzar el poder. Los británicos, que son más altos, más listos y más guapos que ninguno, tomaron aquello como una declaración de guerra. Así que situaron dos buques apuntando directamente a la sede del gobierno y abrieron fuego. En menos de lo que canta un gallo las piezas de artillería de Zanzíbar no valían ni para chatarra, varios barcos del sultán tocaron fondo, y la sede se vino abajo como un castillo de naipes. No hizo falta ni que entrase la infantería, pues los pobres revolucionarios sacaron la bandera blanca tan pronto como encontraron un palo y una sábana. El sultán, en un alarde de valentía, echó a correr y pidió asilo en el consulado alemán, mientras los británicos celebraban el triunfo con cerveza calentorra y esas cosas que les gustan a ellos.

Y ésta es la historia de cómo Zanzíbar soñó, durante 38 minutos, con vencer a Reino Unido y acabar con el teatro de la falsa libertad. Aunque bien mirado, ojalá todas las guerras durasen tan poco.
BBC y series, sinónimo de calidad
Ocho errores de principiante a la hora de ligar
¿A qué hora del día eres más guapo?
Y al final… la montó Warren Beatty