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Entrevistas cortas con autores breves

JAVIER MAURICIO | 25/12/2016
F. J. Manriero (Madrid, diciembre de 1966) es escritor, periodista y carpintero porque me da la gana- como él mismo dice-. Autor de numerosas obras breves, entre las que destacan diversos libros de artista que fueron presentados en prestigiosas ferias internacionales (San Francisco, Nueva York o Bilbao entre otras), J. Manriero prefiere las miniaturas -nombre que utiliza para referirse a sus creaciones-, dedicadas siempre a la misma mujer.

A mi abuela la mató un toro cuando iba a comprar el pan. Todos dijeron que había sido una casualidad terrible, el error de estar en el lugar y el momento equivocados. Pero yo no dejé de pensar nunca en aquel pobre toro, corriendo desorientado y con tan mala suerte que se encontró a una mujer en mitad de la calle. Seguramente lo sacrificaron. Y yo me pregunto: de haber sido mi abuela la que matase al toro y no al revés, ¿también a ella la habrían sacrificado? Por eso me hice escritor, porque la vida está llena de cosas así y algún loco debe contarlas.

Siempre firma con distintos pseudónimos, resultando imposible identificar todas las obras con el mismo autor. ¿Por qué?

Es la única forma incoherente que he encontrado para compartir mi locura conmigo mismo y sentirme menos solo; al leer aquello bajo distintos nombres tengo la impresión de que hay más gente que piensa como yo y eso reconforta. Al fin y al cabo nadie es nadie, y en la búsqueda de ser alguien nos perdemos. Yo parto de la nada. Y como todo lo escribo para ella, mejor que oiga en coro cuánto me importa.

Porque todo lo escribo para ti. Así empieza cada uno de sus libros. ¿A quién están dedicados?

Todo lo escribo para Isabel. Y sería injusto dedicárselo a otra persona. Yo me caí por la madriguera de conejo y ella me esperaba al otro lado.

¿Cómo influye ella en sus textos?

Existiendo. Digamos que yo soy una brújula y ella un imán. Un ejemplo: caminamos los dos por la calle y veo un perro. El animal está sentado al borde de unas escaleras y, cuando pasamos junto a él, tengo la impresión de que me guiña un ojo. Yo lo he visto. Puede que nadie más –Isabel tampoco-. Y eso hace que me plantee preguntas. ¿Por qué me ha guiñado el ojo? Y luego pienso "lo sabe". Aquí nace el relato. Esto me ocurre con ella. El resto del tiempo me voy mirando los zapatos.

En uno de sus relatos relaciona el asiento vacío con el arte y el amor. ¿Cómo pueden relacionarse estos tres conceptos?

El asiento vacío nos recuerda la función separada del hecho para el que fue creado. Igual que un lienzo vacío, igual que una partitura sin notas, igual que una hoja en blanco.

En este sentido el amor recuerda más a la escultura: un pedazo de piedra, o madera, o metal, o cualquier otro material que encierra en su tosquedad la belleza del potencial. Hete aquí el problema de muchos al entender este arte, el arte de amar, pues es sin duda artístico el querer a alguien hasta el dolor, como un asiento vacío, como un cuadro por realizar, una pieza por componer o una historia por escribir. El amor se esculpe, pero escapa a cualquier razón técnica y a cualquier interés consciente. Y si no, no es amor.

Muchos autores breves alternan este tipo de textos con otros más largos. ¿Nunca ha escrito algo más extenso?

Lo he intentado muchas veces -cuentos largos, novelas, etc.- pero nada. No soy capaz por puro aburrimiento. Me aburro a mí mismo y pierdo el hilo. Y claro, la intensidad, el ritmo y todo lo demás se me muere. Soy un escritor de miniaturas con nombre de mujer. Hacer algo distinto sería mentir.

En los últimos cinco años ha crecido el interés por sus libros, recibiendo llamadas para participar en congresos, festivales, e incluso impartir clases. ¿Por qué decidió no hacerlo?

Muy fácil: El peso del dedo meñique del artista, mas su triste infancia, mas su tormentoso desamor, mas su anonimato en vida, mas su hambre, mas su grado de locura, mas su muerte, partido por el número de obras que sobrevivieron a las desgracias e inclemencias, mas sus bocetos, mas sus obras sin firmar, es igual al precio de salida de su última obra en subasta.

No sé si eso responde a la pregunta.

Por tanto, ha dedicado su vida únicamente a la escritura breve, pero parece que, en los últimos años, ésta apenas tiene hueco en el panorama editorial. ¿Cuál cree que será el futuro del relato y el cuento? ¿Existe esa falta de oportunidades?

Oportunidades son esas cosas que te da la vida para demostrar que no vales nada.

¿Y sobre su futuro?

Yo hace tiempo que dejé de estar aquí.


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