Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

Eduardo Mendoza, el humor y la historia, justos merecedores del Premio Cervantes

JAIME DE LAS HERAS | 1/12/2016
Ayer nos merendamos la tarde entre churros, risas y sobre todo mucha alegría al conocer el merecedor del Premio Cervantes 2016. Nada más y nada menos que Don Eduardo Mendoza, al que no le suelen gustar los calificativos grandilocuentes pero que merece por su contribución a las letras en castellano una mención más que honorífica.

Esa compensación ha llegado en forma de Premio Cervantes y seguramente tarde. Es tarde porque La verdad sobre el caso Savolta ha cumplido 41 años en 2016. Es tarde porque La ciudad de los prodigios ha cumplido 30 y nuestro entrañable Sin noticias de Gurb ya es un buen mozo de 25 años.

Afortunadamente Mendoza ha recibido durante todo este tiempo un premio mucho más valioso, el del público. El de esos tenaces devoradores de hojas que ansiaban la forma precisa, sincera y sencilla del barcelonés de narrar. Una prosa amena y que nunca ha renunciado a sus pequeños puntos de humor para retratar de forma aguda las distintas sociedades que Mendoza ha ido creando.

No importa que hablásemos de la Barcelona negra teñida de anarquismo y pistoleros de los Savolta. Tampoco importa que fuera aquella Barcelona que se abría al mundo en La ciudad de los prodigios. Incluso no importaba que fuera un tierno extraterrestre el que arribase a La Tierra para diseccionar la sociedad española vista desde fuera con una precisión que ya quisieran para sí los cirujanos.

El mismo Mendoza que no hace enemigos ni cae en sectarismos cuando se remanga para contar historias ambientadas en la Guerra Civil como 1936: Riña de gatos. Quizás ese sea el problema de Mendoza, el de haber rehusado enfangarse en diatribas que no le habrían llevado a ninguna parte esgrimiendo banderas. O quizás ese sea su gran logro, según se mire.

Nosotros somos mucho más partidarios de considerar esto un logro de Mendoza. Un autor que ha sido capaz de abstraerse de las influencias que han teñido desde siempre la novela histórica nacional para evitar cuentos de buenos y malos, limitándose a hacer lo que siempre ha hecho como nadie, contar historias.

Porque Mendoza es uno de esos Cuentacuentos de los de antes, de esas personas a las que se puede escuchar durante horas porque entre anécdotas y verdades acaba tejiendo historias que divierten, enseñan y entretienen. Puede que ese sí sea el gran logro de Eduardo Mendoza y no lo que diga un Premio o un jurado que lleva conociendo a uno de los grandes de nuestra literatura cuatro décadas.

Dicen que a la vejez viruelas pero viendo el caso de Mendoza, nosotros creemos que es mejor a la vejez, más letras. Eduardo Mendoza se lo merece y nosotros nos alegramos de que se le reconozca pero donde mejor se demuestra el cariño y el tirón es en las colas de las librerías, en los ejemplares vendidos y en pararle una mañana por la Diagonal y decirle ‘Don Eduardo, seguimos sin encontrar a Gurb’.
Series para descubrir y disfrutar con tu pareja
8 personas con las que nunca debes ligar
This Is It #Esquire103
Trainspotting 3 no es una utopía