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20 Minutos

El derecho del adulto a leer cuentos

JAVIER MAURICIO | 8/3/2017
¿De verdad alguien sigue pensando que los cuentos son cosa de niños? Será que no han leído a Hemingway, a Chéjov, a Bolaño o a Kafka. Tampoco sabrán quién es Munro, Borges o Cortázar. ¿Carver?, ¿Poe?, ¿Monterroso? Nada, ¿no?
Por eso, en Esquire nos hemos visto en la ‘obligación’ (moral) de levantarnos contra la ignorancia literaria y defender, más allá de los prejuicios por desconocimiento, a este grandísimo pero breve género: el cuento. ¿Te apuntas?

El problema, si nos paramos a pensar un segundo, quizá lo encontremos en esa especie de veneno que terminará por matar, si no hacemos algo, a la literatura. Nos referimos a la publicación de verdadera basura, pseudoliteraria y de fácil digestión, a la que poco a poco nos hemos acostumbrado.

No daremos nombres (para no ofender a nadie), pero es posible que la falta de trabajo y talento, mezclada con la necesidad social del consumo rápido (a todos los niveles, sin importar la calidad de lo que se consume) y la absoluta pereza en materia de pensamiento, nos haya llevado hasta la incapacidad para diferenciar (o el deseo de ignorar) lo que es bueno y lo que no.

Por ejemplo: este artículo no es bueno, pues carece de toda la fuerza necesaria, el estilo y el tiempo para pulir. Aun así, es posible que te interese por lo que "cuenta" (si es que a alguien le siguen interesando "los cuentos"). Lo mismo ocurre con la literatura; pocos (o ninguno) se detienen a valorar el trabajo que conlleva la composición meticulosa y firme de un texto. Y más aún si se trata de un cuento, ya que las necesidades propias de este género lo convierten en uno de los más complicados, hecho que demasiados se empeñan en ignorar, publicando cualquier "defecación textual" que el público tomará por buena si viene firmada bajo el nombre adecuado.

No podemos alargarnos en exceso, despachándonos a gusto con la mediocridad que impera en el mercado. Pero sí nos gustaría defender a un pequeño grupo olvidado: esos autores que, más allá del dinero o el nombre, salen cada día a partirse la cara por la literatura de verdad. Las mayores joyas del arte actual se encuentran escondidas en los textos de "auténticos (en muchos sentidos) luchadores anónimos".

Por ellos, por la literatura, por los que se dejaron la piel hace ya mucho tiempo, por los que se la dejan y por los que se la dejarán, hoy os llamamos a todos (los que quieran leernos/escucharnos) y os pedimos que os unáis: somos pocos, pero de aquí no nos mueve nadie.

Por el cuento.
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