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En esto creo: Pelé #Esquire100

CAL FUSSMAN | 20/10/2016
EX FUTBOLISTA, ICONO, EMBAJADOR HONORARIO DE BRASIL 2014,
TRÊS CORAÇÕES (BRASIL), 73

Publicado originalmente en Esquire 75, junio de 2014

Déjame que lo piense un momento… No, nunca he estado en un lugar donde la gente no me reconociera.

La cabeza le habla al corazón, y el corazón le habla a los pies.

Nací en una pequeña ciudad en el estado de Minas Gerais llamada Três Corações, lo que significa ‘Tres corazones’. Justo antes de nacer, al fin pudimos tener electricidad en casa, así que mi padre dijo: "Ya que la electricidad ha llegado con tu nacimiento, voy a llamarte Thomas Edison". Pero en algún momento la i de Edison se perdió, y así es como mi nombre se quedó en Edson.

Hay muchos atletas que me han impresionado a lo largo de los años, pero el que más lo hizo de todos fue mi padre porque le miraba a través de los ojos de un niño de nueve años.

Arroz y judías. Es mi comida preferida, la mejor que he tomado nunca. Y es buena para tu salud.

Creo que los brasileños son bienvenidos en cualquier rincón del mundo. En mi opinión eso sucede porque la felicidad y la música son nuestras señas de identidad, y esas son cosas que le gustan a todo el mundo.

Por mi experiencia, si eres honrado y quieres trabajar, EE UU te abrirá los brazos.

Cuando mi padre se destrozó los ligamentos de la rodilla yo tan sólo tenía diez años, pero lo recuerdo muy bien porque tuvo que dejar de jugar y eso nos metió en graves problemas económicos. Así que mi madre salió a buscar trabajo de lo que fuera para mantenernos, sobre todo lavando ropa. Mi madre me decía: "Por favor, no juegues al fútbol. Tu padre jugó y ahora que está lesionado no puede alimentar a su familia. Estudia para tener una buena educación". Eran otros tiempos, pero tenía razón. Finalmente, me dijo: "Has nacido para ser jugador de fútbol, tienes el talento para hacerlo. Pero nunca serás un gran hombre si no vas a la escuela y estudias". Esa fue la mejor lección que me dio.

Mi padre me dijo cuando empezaba a destacar: "No te creas ni por un segundo que ya eres un gran jugador. Para poder serlo necesitas entrenar siempre duro, necesitas estar siempre preparado, necesitas respetar siempre a tu oponente. Tan sólo cuando seas capaz de hacer todo eso, podrás ser al fin un gran jugador".

¿Hubo un momento exacto en el que me di cuenta de que era mejor que mi padre? Tuve la suerte de ser escogido para jugar con la selección brasileña cuando tenía 16 años, y cuando tenía tan sólo 17 acudí a Suecia para jugar el Mundial de 1958. Ganamos y me proclamé campeón del mundo, algo que nunca logró mi padre.

El momento más importante de mi carrera sucedió en África en 1967. Estaba de gira mundial con mi equipo, el Santos, y nos invitaron a jugar en Nigeria. El director deportivo pensaba que era una locura, en ese momento había una guerra civil en el país. Pero los organizadores nos contestaron que no nos preocupáramos, que la gente de ambos bandos quería ver jugar a Pelé, así que pararon la guerra durante 48 horas para poder verme jugar.

Si pudiera volver atrás en el tiempo, tampoco cambiaría demasiadas cosas. Al menos no de las que me afectan sólo a mí.

Cuando te casas por segunda vez, es como una refundación.

Es difícil de explicar porque fue algo que sucedió en el calor del momento y yo estaba con las emociones a flor de piel. Era mi último partido con el Cosmos de Nueva York y todo el mundo estaba en pie aplaudiendo, así que me dije que quería agradecerle a Dios todo el amor con el que me había bendecido durante mi carrera. Aproveché el momento y le pedí a los espectadores que no olvidaran ese momento, que repitieran conmigo tres veces la palabra: "Amor. Amor. Amor". De verdad que fue una coincidencia, en ningún momento pensé en que había nacido en un lugar llamado Três Corações (‘Tres corazones’).

Mis hijos más pequeños son gemelos, un chico y una chica. Joshua juega al fútbol y parece que no lo hace mal. Aún no es profesional, pero a mí me emociona mucho verle jugar. Me pone muy nervioso pensar que se puede lesionar o que puede hacer un mal partido. Es difícil, de verdad. A veces ni siquiera puedo acudir a sus partidos.

Por un lado es magnífico ser tan amado, pero a veces echo de menos la tranquilidad que te proporciona la privacidad.

Gracias al fútbol he podido viajar por todo el mundo, y en esos viajes he podido recibir la amistad y el aprecio de muchísimas personas. Ése es, sin duda, el mejor premio que he podido recibir nunca.

Confío en tener vuestra amistad, y que nunca os decepcione por ello.
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