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En esto creo: Carlos Sainz #Esquire100

RODRIGO VARONA | 29/9/2016
Piloto, bicampeón del mundo de rallies, 46, Madrid.

Publicado originalmente en Esquire 14, diciembre de 2008

Cuando dicen que soy gafe me quedo alucinado. En la vida he tenido la suerte de conseguir todo lo que me he propuesto. Me considero un privilegiado. Les deseo a todos mis seres queridos esa mala suerte que he yo supuestamente he tenido.

No se ha valorado de forma justa y global mi trayectoria. No sólo he ganado dos Mundiales. Al retirarme, lo hice en el mejor equipo, con el récord de victorias y ganando carreras. Por eso, cuando recibo premios que reconocen a toda mi carrera [acaban de entregarle el Grand Carrera de TAG Heuer] me ilusiona especialmente.

Con un copiloto tienes que llevarte bien dentro y fuera de la carretera. Con Luis [Moya] lo único que pasó es que en un momento ya no le apetecía seguir corriendo. Sigue siendo uno de mis mejores amigos y le deseo lo mejor.

Creo que sé asumir bien las críticas, pero no soporto que no estén bien argumentadas.

No creo que el Dakar vuelva a África a corto plazo [la mítica prueba se disputará en 2009 a través de Argentina y Chile, con salida y llegada en Buenos Aires. Comienza el 3 de enero]. Los que más lo van a notar van a ser las personas de los lugares por donde pasaba. Yo pienso seguir corriéndolo mientras pueda contar con un coche competitivo.

Mi hija me llamó desde Inglaterra para decirme que mi nombre salía en un libro de texto. Quitando eso, no demuestran un gran interés por mi carrera. Espero que algún día se preocupen por saber quién es su padre y qué decían de él.

Hay mucho respeto entre los pilotos de rallies. Más que nada porque no hay contacto entre ellos.

Mi padre no quería que fuera piloto. No le gustaban los coches y se negó a apoyarme cuando comencé. Prefería que siguiera estudiando Derecho. Al final me vino bien, porque aprendí a valorar mucho más mis éxitos, aunque entonces, claro, no lo veía de esa manera.

En España no siempre se ha valorado a pioneros del deporte como Manolo Santana o Ángel Nieto. El caso más claro es el de Severiano Ballesteros. Nos demostró que con ganas, pasión y un indudable talento, se podía triunfar en cualquier reto.

La edad de inicio para practicar deporte de élite se ha acortado mucho. Mi hijo Carlos, por ejemplo, con sólo 13 años viaja a Italia para disputar carreras de karts. Eso sí, que no espere privilegios por ser hijo de. En este deporte, por suerte
o por desgracia, los parámetros para saber si vales o no –tiempo, seguridad, velocidad– son fácilmente medibles.

Cuando llegué al Mundial, los pilotos ingleses o nórdicos me miraban como si fuera un bicho raro. No ayudó mucho mi carácter, ni querer hacerlo todo a mi manera. Pero tenía claro que era necesario. Había que romper moldes.

Hay gente a la que le gusta estar relacionándose continuamente. A mí, no. La notoriedad es una cosa que te viene dada y que debes disfrutarla sabiendo siempre que se trata de algo transitorio.

Me gustaría que la gente se quedara con la persona, no sólo con el piloto. He intentado ser un tío normal, serio, fiable y con los pies en el suelo. Creo que nunca he perdido la noción de la realidad. Ése el problema de los chicos jóvenes que triunfan rápido, que nadie de su entorno les recuerda los valores que realmente importan.

A la hora de hacer negocios, de poco vale mi nombre. Pero sí creo tener la enorme ventaja de haber manejado equipos numerosos, y eso me ha convertido en alguien metódico, conciso, perfeccionista...

Los aficionados me aprecian y la gente me conoce y me quiere. Para mí, eso es lo más importante.

Practico muchos deportes: tenis, golf, esquí... Y creo que me defiendo dignamente en todos ellos. Desde pequeñito, no he parado quieto. Incluso fui campeón de España de squash con 16 años.

Al ponerte un casco te olvidas de todo. Aunque es verdad que con los años percibes el riesgo de otra manera. Eso sí, no se puede olvidar que éste es un mundo de riesgo; y hay que saber llevarlo lo mejor posible. Más de una vez he tenido que levantar el pie del acelerador para no llevarme algún espectador por delante.

Tras retirarme en 2004, me ofrecieron dirigir alguno de los equipos del Mundial, pero yo lo que quería era tiempo libre para mi familia. Con el Dakar puedo matar el gusanillo del motor, y proyectos de futuro no me faltan.

A Dani Sordo le ayudé bastante en sus inicios. Y espero que, en su momento, se acuerde de lo que hice por él.

¿El mejor de la historia? Es imposible afirmarlo. Lo importante es ser el mejor de la época que te toca.

FOTOGRAFÍA: MARIO SÁNCHEZ GÓMEZ
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