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Francesco Totti, el último centurión romano

JAIME DE LAS HERAS | 27/9/2016
Mucho es el tiempo que ha pasado desde que los fulgores del Imperio Romano se empezasen a apagar. Mucho es también el tiempo que ha pasado desde que la Ciudad Eterna brillase con luz propia en el Renacimiento de la Roma papal. Mucho tiempo es también el que ha invertido Francesco Totti (Roma, 1976) vistiendo los colores de la AS Roma hasta convertirse en eternidad de la propia ciudad.

Totti cumple hoy 40 años, de los cuáles ha dedicado de manera profesional 22 a la Associazione Sportiva Roma. Más de dos décadas luciendo en el pecho el emblema de la loba capitolina y vistiendo la malla giallorossa. Esos dos colores, el rojo y el amarillo, que seguro fluyen por sus venas y que han marcado su trayectoria.

Francesco Totti en un partido de Copa de la UEFA en 1996

Cuatro lustros de historia futbolística que al final de esta temporada se despedirán. Francesco Totti cuelga las botas y se despide del verde del Estadio Olímpico. Un estadio que ha coreado sus grandes hazañas futbolísticas y que lleva viéndole capitanear a sus hombres durante 20 años. Un tiempo en el que la AS Roma, como la ciudad que le sirve de casa, ha visto éxitos y fracasos. Totti y su equipo han disfrutado del mismo número de lágrimas de alegría que de fracaso.

Una vida consagrada a una causa. Esa misma causa que ha hecho de Francesco Totti el último centurión romano. Ese futbolista que ha rechazado incontables cantos de sirena para cambiar de colores a cambio de dinero pero fue imposible. Francesco Totti pertenecer a esa estirpe de condottieros que no desertan ni bajan las armas, a esos elegidos que no cuentan ni miden su vida en función de las cuentas bancarias o las promesas externas.

Totti es sello y marca AS Roma, es ese hijo del Trastevere que da sus primeras patadas con sus amigos. Es ese nervio espigado que acude con su familia a la prueba que le abrirá las puertas de las categorías inferiores del equipo. Ese tipo de niños que cuando imaginan su vida no lo hacen en mil colores ni pensando en salir de casa. No por falta de oportunidades ni por falta de carácter. Tampoco será por falta de ambición sino que permanecerá leal a su causa.

Una suerte de Belisario moderno que aún sabiendo que las cosas no lucen tan brillantes como antaño sigue permaneciendo al lado de los herederos de Rómulo y Remo. Ese comandante que se negó a abandonar a sus tropas y que continuó al frente de los desmoronados ejércitos aún pudiendo desertar.

No va con Totti. En ese amamante vital que el romano siente con su ciudad y sus colores siempre habrá un componente de eternidad que marcará su legado. Aquel que hará que sus pasos sean guiados a través del Foro Itálico y que convierte cualquier pequeño adoquinado en su propia patria.

Esa patria, aún teñida de colores laziales, le debe a Francesco Totti mucho. Puede que dentro del campo fuera el general romano que amenazaba a su Lazio pero fuera de él es un romano más. Un héroe del que cantarían gestas sino fuera porque ha nacido en el siglo equivocado o quizás un alma demasiado romántica como para ser comprendida.

Totti, rodeado de jugadores del Lazio, en 2001

Ese alma romántica será tan eterna para la AS Roma como es el Coliseo o el Panteón de Agripa para sus conciudadanos. Responsable de una herencia y de una historia compartida que seguirá engrandeciendo el legado de la Ciudad Eterna y que por última vez en la vida comandará a sus tropas. Esta vez los generales romanos no vierten sangre ni hacen prisioneros. Desnudan sus pretensiones de balones de fútbol y porterías pero aún así será un combate singular.

Para librar esos combates y honrar la memoria de la Ciudad Eterna surgió Francesco Totti, el último de los grandes centuriones romanos. Sabemos que ha cumplido su misión y sabemos que los galones los heredará alguien que comparte su esencia, Daniele de Rossi. El futuro de Roma sigue en buenas manos.
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