Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

La sinceridad al descubierto de Leiva

JAIME DE LAS HERAS | 22/8/2016
Leiva (Madrid, 1980) llega puntual a una de las salas de la madrileña sede de Sony. El verano aprieta pero está embarcado en la promoción de su tercer álbum en solitario. Fiel a su estilo, incluso en verano, lo hace con pitillos, botas y sombrero.

Nos trae Monstruos (Sony Music, 2016) bajo el brazo, que verá la luz el próximo viernes 26 de agosto. La primera punzada la dio Sinceridio, el segundo pellizco al corazón llegó con Guerra Mundial y la tercera estocada es demoledora con La lluvia en los zapatos. Pero en Monstruos hay mucho más Leiva por descubrir.

Letras que suenan a verdad, entonando el sálvese quien pueda. No tiene nada que demostrar y se siente liberado, musical y emocionalmente hablando. Se nota, sobre todo en un músico que tiene dos aristas, la española y la argentina.

En los minutos previos le enseño algunas entradas de su carrera. En este carrusel se encuentran, por ejemplo, el primer concierto en Madrid de Diciembre (20/12/2012), aquel último de Pereza en Vistalegre el 08/06/2012 o el duelo del 29/10/2012 Leiva vs Ferreiro. También aquel bolo en París donde tocó el 7 de diciembre de ese 2012.

Sí, sí, aquí (señalando la entrada de Vistalegre) ya estábamos cada uno con su disco, Diciembre se solapó con este concierto. Y aquí (cogiendo la entrada de París), en este concierto, dormimos en una pensión en La Bastille ¡y cogimos chinches todos! (risas) Era una pensión inmunda y volvimos todos con pulgas, vamos a la Ciudad de la Luz y cogemos chinches (más risas).

Aparcando las anécdotas, volvemos la cara hacia Monstruos. A estos ‘Monstruos’ les dedicas el título de una canción y de un álbum entero. Estos monstruos metafóricos siempre te vienen bien a la hora de componer

Sí, cuando terminé de grabar en casa las maquetas a la guitarra y voz, me dí cuenta de que la palabra monstruos aparecía en tres canciones y me pareció significativo. No me siento a hacer discos conceptuales, es decir, cuando tengo el repertorio del disco me doy cuenta de que el disco está hablando de algo. Esos enemigos que están en casa en vez de fuera y creo que el título es bastante representativo de la temática del disco.

Estos monstruos pero en el estudio de grabación has tenido otro par de monstruos, Carlos Raya (producción) y Joe Blaney (ingeniero de sonido) en tu segundo álbum con ellos. ¿Qué tenías en mente con Pólvora y qué has tenido ahora?

Hay una diferencia muy importante con Pólvora. En aquella ocasión lo coproduje con Raya y Blaney estaba de ingeniero y en Monstruos le propuse a Raya que produjera él solo el disco. Así que toda esa obsesión que suelo tener grabando, de tener el control de las cosas ha aflojado y lo he disfrutado más.

Por eso creo que este disco tiene un punto más vital y menos obsesivo que Pólvora. Tiene más aire, es más suelto y más vivo. Creo que es la diferencia más grande entre ambos, aparte de que Monstruos es un disco más rock con una banda mucho más guitar, más rock. Pero la gran diferencia es esta, que Raya fue el productor y que por primera vez en muchos años yo no me estaba preocupando de todo.



¿Y a este Monstruos, que le pide Leiva, que hay del Leiva de Diciembre y qué podemos encontrar completamente nuevo?

A mí me gusta pensar que esto es una trilogía Diciembre, Pólvora, Monstruos. Me gusta pensar que el trabajo que empecé con Diciembre y el tipo de sonido hacia el que apuntaba en él lo estoy encontrando en Monstruos. En Diciembre grabé yo todos los instrumentos, produje, mezclé y me obsesioné muchísimo.

Con aquella perfección de Diciembre me he dado cuenta de que tenía que alejarme de mi parte obsesiva para que las cosas salgan mejor. Si ves el proceso de uno y de otro, musicalmente está entrelazado pero Monstruos tiene menos pretensión de ser algo perfecto y creo que por eso es mejor disco que Diciembre.



En Monstruos también hay una parte de Pólvora pero también hay una continuidad en la forma de seguir las pistas, comenzando muy fuerte con singles muy potentes. ¿Qué se siente al acabar un single así?

Bueno, cuando uno termina una canción importante o una canción que parece un single, es una sensación de ‘creo que lo tengo’ es bastante emocionante. Terriblemente cruel, Eme o Sincericidio recuerdo la sensación de acabarlas y saber que el single estaba allí y saber que una canción va a ser importante.

De Sincericidio recuerdo que la escribí en Argentina, donde vivimos una temporada allí, mezclándonos con bandas e integrándonos allí. Recuerdo tocar en un local que se llama Maquela, donde cada jueves tocábamos versiones con bandas de allí y al acabar una de estas noches decirle a Pop (César Pop) "creo que tengo el tema del disco nuevo" y enseñárselo en un ladito del escenario y que me diga "creo que lo tienes Michael".

De hecho, Sincericidio huele a Leone y la Trilogía del Dólar aunque no es lo más curioso de la canción, sino el título. Sincericidio es algo común en Argentina y no un palabro de Leiva. ¿Cómo le explicarías a un español qué es un sincericidio?

Un sincericidio es el acto de disparar la verdad sin medir las consecuencias, contar lo que hay y un poco sálvese quien pueda. Me vino a la cabeza porque una amiga me mandó un mail y el asunto era ‘Sincericidio’, yo estaba terminando una canción y le pregunté si me prestaba el título para una canción y ella me lo ‘regaló’ diciéndome que no era suyo pero me parece una palabra muy necesaria.

Volviendo a los clips homenajes, este de Sincericidio huele también a Tarantino o el cómic convertido de Guerra mundial. ¿Qué buscas en ellos?

Con Sincericidio quería romper con cualquier hilo estético anterior. Es verdad que siempre hemos cuidado mucho los clips y también que hay muchas expectativas en ellos. En este caso tenía la necesidad de hacer un videoclip donde no se esperara nada de lo que iba a hacer.

Por eso me senté con Zipi (el director) y me propuso este universo y todo lo que involucraba, el sentido del humor que tiene y las referencias a cosas que nos inspiran. Pensé, "vamos para adelante con ello". Queríamos que fuera un video que gustara o no, que no dejara indiferente y fuera complaciente.

Es esta cosa nueva de los lyric video y desde Sony me propusieron hacerlo y dijimos "okey pero hagamos algo bonito y especial", me hicieron una pequeña entrevista sobre lo que pensaba del vídeo y yo veía tanques antiguos disparándose y ellos me propusieron aviones tirando flechas y el trabajo ha sido genial.

Es esa forma de no dejar indiferente al público…

Claro, aunque tienes mucho de perder y aunque Sincericidio tiene un millón de reproducciones habrá gente que pensara "bah, este parece que se ha dado un golpe en la cabeza" pero luego también hay mucha gente que agradece ese golpe.



Volviendo a lo argentino, algo frecuente en vosotros, en algunos músicos españoles que cruzáis el charco, ¿qué os aporta a vosotros Argentina y que tiene esa segunda casa para quedaros allí y lo diferente que es de España?

Hay dos elementos claves el primero es tener una vida absolutamente anónima en otro país cosa que me resulta muy alentador muy divertido y me siento muy bien…

Son como vacaciones de ser Leiva…

Claro, sigo siendo Leiva pero allí no he sonado en la radio ni salgo en la tele. Vivo un tipo de vida que aquí no vivo aunque aquí tengo una popularidad muy comedida.

Eso por un lado, por el otro me gusta por la manera que tienen de entender la música los argentinos. Emociona porque las canciones están por encima de los estilos y no tienen prejuicios ni se posicionan en tú eres indie o tú eres punk…

Por ejemplo, he tocado en Cosquin Rock, que es como el Woodstock argentino, tocando con Babasonicos, tocaba Auténticos decadentes, tocaba Calamaro... Esa convivencia de músicas es emocionante. Cuando un grupo argentino saca a la venta un estadio, el público, no sólo el fan, va al estadio para que un grupo llene y haga historia. Cuando alguien de su país llena un estadio es un orgullo y se celebra. En España está muy castigado sonar en la radio o ser popular porque inmediatamente te convierten en vulgar. Por eso creo que Argentina tiene una manera muy sana de vivir la música y donde las canciones están por encima de los artistas.

Ese ying-yang, músico deportivo que persigue al argentino…

Es muy excesivo todo y muy mitómano. Joder, ¡hay una iglesia Maradoniana! Pero voy allí y soy espectador de esa ciudad, de esa vida y me quedo con lo bueno. Siempre viajo tres veces al año a Argentina, tengo un público más o menos fiel, de gente que me he ganado uno a uno durante 11 años porque yo allí no sueno en radios ni hago promos. No llego de manera mediática ni colateral con mi música. He teloneado a bandas, ido a clubs, festivales... Allí soy un artista indie y estoy orgulloso de ello, donde no me beneficio de una promoción.



También está el guiño del tema Palermo no es Hollywood con una sensación muy de final. Calamaro en una entrevista respondió que eran letras "para que lloraran los gordos" y este tema tiene esa esencia, una especie de mazazo pero para ti qué es.

(Risas) Es cojonudo Andrés (sigue la risa). Es un tema muy especial y hubo debate sobre ti tenía que ir o no en el disco porque no sabíamos si el público español entendería el significado de la letra. Tengo amigos de Palermo, que es un barrio mítico de Buenos Aires y a la gente del barrio le parece un nombre moderno y absurdo lo de Hollywood y dice "no me jodaís, esto es Palermo". Había una pintada muy bonita que ponía "Palermo no es Hollywood". Me gusta la forma en que mis amigos de allí me explican cómo ha ido virando el barrio hacia hipster un poco vacío.

Esa canción la escribí en unos tejados donde yo vivía desde los que se veía la parte vieja y al anochecer, tocando, me salió esta canción. "al otro lado de las vías…" que separan Palermo Hollywood de Palermo Soho y esa sensación de distancia, cuando un mensaje a tiempo de alguien puede ser más importante de lo que uno piensa. Esa canción siempre me traslada a los tejados de Palermo en febrero, cuando la noche anterior habíamos llenado una sala, la Niceto, que es la sala en la que soñaba tocar con Pereza.



Es como una Polaroid para toda la vida de ese momento pero volviendo a Monstruos, hay otro pequeño homenaje en Breaking Bad pero me corroe una duda. ¿No te habrás picado con Ferreiro para meter títulos de series en los discos?

(Sonríe) No no, en el frenetismo obsesivo de ‘chalao’ de coger símiles de cosas Iván va a ganar siempre. No puedes competir con él. Breaking Bad me parece un título bonito, además la canción tiene cierto humor porque hablo de "una rara pérdida del anonimato" hablando de cosas importantes y acabo cada verso con "ya sé que no es para tanto".

Es como estar medio quejándose de la suerte que tienes y lo hago por quitarle importancia a las cosas y quitármela a mí mismo. Al final somos muy poco importantes y creo que ese sentido del humor se ajustaba bien a llamarle Breaking Bad.

¿Cuando enseñas estas canciones, quiénes son esas personas que te dicen si esto va bien o no?

El que recibe todos los chispazos, letras, estribillos… es mi hermano pequeño y en los últimos tiempos mi chica, Maca. Son dos personas a las que les puedo enseñar algo y que no me saquen los colores y me digan cuando un verso es flojo. Me vale mucho la opinión de alguien que no tiene una implicación directa con la canción. Es importante tocar una canción a alguien que está fuera de la órbita y te diga "aquí te estás pasando".

No son tu familia pero lleva contigo mucho tiempo. La Leiband es parte fundamental de ti. No estás solo pero tienes carrera en solitario pero, ¿cuándo acabamos con la coletilla de ‘en solitario’?

Sí, supongo que pasará y nadie diría el nuevo disco de Paul Weller o los discos de Lou Reed en solitario. Aunque me da mucha vergüenza hablar de mi carrera en solitario, como si fuera yo "en solitario" como si fuera sólo mi movida. Son mis canciones, con un nuevo proyecto y con una banda que me ayuda. Además no es correcto decir "mi carrera". Tendría sentido si Pereza continuara y yo estuviera en los dos sitios a la vez.

¿Qué es para ti la Leiband y qué te aporta tenerlos siempre cerca?

Lo primero que me aportan es estar de gira con amigos, que lo considero el verdadero éxito de nuestras vidas. No solo ir tocar, sino hacerlo con tus amigos. Es un ejercicio acrobático porque mezclas amigos y familia, y a veces eres el jefe, así que puedes perder a un músico pero también un amigo si hay malos momentos.

Además ellos invierten su tiempo no en tocar mejor solamente sino en su proyecto. Gente como Tuli, Pachequín, César o Juancho tienen sus proyectos Aportan a mis canciones porque ellos también las hacen y no tienen ego de instrumentistas.

Este Leiva que no maneja todos los palos dentro del disco, que se deja aconsejar, que delega, ¿de dónde ha salido? ¿Autoimpuesto o necesidad?

Me lo he autoimpuesto y lo veo saludable pero me ha costado delegar en alguien porque tampoco tenemos muchos productores en España. Con Carlos delegas en alguien que es mejor que tú. En Pólvora produjimos juntos con decisiones consensuadas. En Monstruos las decisiones las tomamos juntos cuando algo no cuadra y en ese momento alguien va hacia delante y dice "no mola" y que no lo tenga claro pero haya que ir para delante. Ese era Carlos.

Al final producir Monstruos y escribir las letras han sido dos circunstancias parecidas. Escribir y contar porque había que sacar la espinita y producir y tirar para delante… Sinceridarte literalmente y decir "vamos".

Claro, es lo que decía Dave Grohl en el documental de Sound City. "Liderazgo es llegar a un camino que se divide en dos, todo el mundo pensando y que alguien diga "vamos por el de la izquierda, confiad en mí`" Aunque no tenga ni puta idea pero la gente va.

¿Cómo ha cambiado Leiva de Diciembre a Monstruos?

Cuando saqué Diciembre tenía la sensación de que debía demostrar lo que era. Teníamos una lupa encima enorme, tanto Rubén como yo, por dejar Pereza y el público directamente se enfadó con nosotros y los primeros discos no fueron ni con uno ni con otro. La gente, con razón, se enfadó. Lo entiendo, soy fan de bandas y cuando se separan me parece una gran putada y la gente dijo "de momento no me gusta esto".

Pero también lupa de prensa para ver qué hacíamos, a ver si era una mierda, si cambiábamos. Ahora no tengo que demostrar nada, confío en lo que hago y no tengo que ganarme respetos.

Volviendo al repertorio Monstruos, encontramos también Hoy tus ojos que nos recuerda, al menos en el comienzo a Hoy no me encuentro de Diciembre, que es esa búsqueda del camino pero hay más casualidades. En ‘Hoy tus ojos’ también están los famosos tejados de Leiva, que ya vimos en Lady Madrid o Palermo no es Hollywood. ¿Qué haría Leiva sin tejados, estrellas o gatos?

(Sonríe) Pues es verdad que los tejados son lugares donde me proyecto mucho y dan la sensación de que la noche está en calma. Siempre ha sido una imagen de felicidad desde niño.

Guitarra, tejados y noche y el resto te da igual…

(Risas) Totalmente, le diría a Cindy Crawford: "Lo siento nena, no te puedo atender, estoy tocando en un tejado, no me molestes".



Abandonando el afán tejadil, volviendo a la de la gira, sólo encontramos 12 confirmadas. Pero también habéis cambiado las fechas de lanzamiento. Diciembre y Pólvora salen en invierno pero Monstruos llega en agosto y otoño. ¿Hay más crudeza en las giras en solitario y cuando éstas las enfocas en diferentes meses, o cómo cambia la cosa si pegas un pelotazo con un álbum?

Claramente, aunque nunca pienso en poder pegar un pelotazo, de hecho con Pólvora no lo esperábamos. El hecho está en que la última vez con Pereza en el Palacio (antiguo Palacio de los Deportes de Madrid) tocamos para 16.000 personas y al primer Leiva en Burgos fueron 225. El cambio fue brutal.

Bajamos Rubén y yo a las pequeñas cosas, a preguntar si había gente, al miedo a salas vacías, apostar por una banda, que no salgan los números, a perder dinero... Uno nunca vuelve a pensar que vas a volver a tocar en el Palacio.

Soy tan consciente del privilegio de salir a tocar con mis ocho tíos, tus técnicos y volver a casa sin perder dinero y poder permitírmelo, estaré feliz. ¿Qué quiero hacer un Palacio? Estaría de puta madre. ¿Qué lo hago y no lo lleno? Estaré también feliz.

Hay algo importante en sacar el disco en verano y es que necesito probar el primer extracto de gira en salas de invierno. Es la mejor manera de testar un repertorio, de reencontrarte con público y canciones. No puedo hacer un disco y salir al verano…

Es un poco como una pretemporada de un equipo de fútbol. Ir tocando, ir rodándose y ver cómo van saliendo las cosas…

Exactamente, la pretemporada la necesito hacer en invierno. En Diciembre y Pólvora no se pudo hacer y ahora es distinto. La gente y los medios están más despistados. Es un momento tierra de nadie y ‘entrenas’ sin tener que ir a la batalla del verano.

Estaciones aparte, ¿te ves haciendo otra vez 120 conciertos como en Pólvora?

Este año no me veo haciendo tantos porque la tendencia en mi carrera siempre es la de cuidar los conciertos y para eso hay que tocar menos. Hemos reducido fechas porque el público se lo merece y es mejor para sonar bien y cuidar el espectáculo.

De la gira Pólvora también puede sacarse la conclusión de que ya habías marcado el camino nuevo de romper con Pereza y seguir con Pólvora y la circunstancia te fuerza a terminar de dar el salto y coger ese impulso….

Puede ser, aunque también fue que el éxito de Pólvora nos pilló desprevenidos y fecha que salía, fecha que cogíamos. Con Diciembre la cosa fue peor, la gira se complicó... y con Pólvora tuvimos la oportunidad de salir sin freno. Ahora vamos con otro hilo, no sabemos si será más o menos que en Pólvora pero al menos con calma.

Pólvora fue ese pelotazo, más de sueño de quinceañero y de repente zas…

Sí, fue una sensación como la de la primera vez que llené La Riviera con Pereza. Esa primera vez con Pereza tuve la misma sensación que llenando cuatro veces seguidas con Pólvora. Encontrar esa emoción de volver a ganarte las cosas.

Con Pereza llegabas y tocabas a decenas de miles de personas y ahora agradezco mucho que acabara Pereza porque nos devolvió al mundo real en muchos aspectos, recuperamos la emoción de las pequeñas cosas y creo que a Rubén y a mí nos ha salvado la vida. Creo que Pereza tenía que terminar por decisiones artísticas y personales, aunque más artísticas que personales.

Siempre queda esa sensación de que hay un legado de Pereza que años más tarde no se podría tocar, con temas del estilo Pienso en aquella tarde, Horóscopo o Superjunkies que dentro de 15-20 años, no tendrían sentido…

Totalmente. Hay canciones que sí puedes tocar como Lady Madrid y algunas más pero hay otras que no me representan ya…

Cerrar gira con el Palacio de los Deportes, en invierno y a tu ritmo, ¿qué representa para ti?

Ahora mismo es un vértigo. Cuando lo hice con Pólvora, era una noche para cerrar un episodio muy bonito, con mucha confianza y la banda a tope. Estábamos tranquilos. Ahora mismo me parece que el Palacio va a estar vacío y estoy sufriendo como un perro. Representa un reto muy grande que ahora mismo no sé si me veo capaz de llenar, soy un saco de miedos. Nunca me relajo, el Palacio es un reto y me tiene asustado desde que está anunciado.
Pero, ¿cuánto debe durar el sexo?
Adiós, Goethe, adiós
¿Tienes 6.000 euros ahorrados? Podrías comprar el álbum de cromos Panini más caro de la historia
10 verbos que no sabes conjugar