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El arte de perfumarse

JAIME DE LAS HERAS | 26/2/2017
Sales de la ducha como nuevo, te secas y te dispones a vestirte. ¡Un momento! Queda antes un paso fundamental por el que todo hombre debe pasar para estar dispuesto a salir al día a día.

Las fragancias endulzan y perfuman nuestros días dejando a nuestro paso una estela reconocible encantadora, pero ¿nos las ponemos bien? Aquí os dejamos unos trucos para que vuestra fragancia dure casi tanto como queráis.

Para leer este artículo:



Antes que nada os debemos advertir de que en el mundo de los perfumes los milagros no existen. Esto significa que no pretendas que un cítrico dure 8 horas o que un amaderado sea ligero en sus notas de salida.

El mundo del perfume es una ciencia casi exacta donde difícilmente dos más dos nunca dejarán de ser cuatro. Con ello no queremos desalentaros pero sí recordaros que hay terrenos donde algunos perfumes nunca llegarán. A pesar de que intentes conquistar a esa chica con él, lo sentimos.

Todos sabéis u os hacéis una idea de que básicamente existen cuatro diferencias entre las fragancias. La primera, que no todos son perfumes o colonias. Hay cuatro categorías esenciales, de menos intensa a más intensa serían colonia (cologne), agua de colonia (eau de toilettes), agua de perfume (eau de parfum) y perfume (parfum).

La terminología francesa no engaña y nos indica lo que podemos exigir o dejar de exigir a un perfume. Después de tener clara esta diferencia elemental os recordamos, también a nuestro pesar, que no todas las pieles son iguales.

Sí amigos, aunque seamos todos igualmente humanos no huelen igual las diferentes fragancias sobre nosotros, así que no le busquéis una explicación más allá de la lógica porque es química pura.

Con esto no queremos decir que dejéis de usar una fragancia u otra, sino que simplemente huelen distinto. Lo mejor de todo, que el abanico de posibilidades es tan grande que es casi imposible que no encuentres la tuya (o tuyas).

Es necesario matizar el plural por una sencilla razón. ¿Verdad que no vistes todos los días igual? ¿Verdad que varías tu vestimenta en función de unas actividades u otras? Pues con las fragancias debe pasar lo mismo.

No es comparable salir a cenar con tu pareja al aire libre que salir a cenar a una hamburguesería con tus amigos a un local atestado. Exactamente igual que no es lo mismo ir al trabajo que volver del gimnasio. Cada momento del día tiene su olor, es cuestión de identificarlo.

Ahora que tenemos claro que los perfumes no hacen magia y que todos tienen su momento ya podemos meternos de lleno en cómo llevarlos. Lo primero, debemos saber dónde jugamos. No pretendas llevar un perfume ligero y cítrico a una reunión donde puede haber humo o tu perfume desertará al poco de llegar. Igual que no debes llevar un almizclado a un desayuno a las siete de la mañana. Cuestión de tempos.

Cuando los tengas controlados, llega el momento clave. ¿Dónde lo echo o cómo lo aplico? Lo más clásico apunta a muñecas, cuello y pecho. No son malas opciones pero siempre debes procurar que estén al aire, de esta manera el olor se proyectará.

Nuestros pequeños secretos incluyen otras zonas, algo más discretas pero que dan muy buen resultado. La primera posiblemente la conozcas, detrás de las orejas un par de aplicaciones harán que tu estela marque el camino a muchos durante varias horas. Los motivos, la propia circulación de la sangre bombea esas zonas durante todo el día.

Otra de nuestras nuevas zonas a descubrir son los antebrazos. Sí, el antebrazo, nada de la muñeca. En esta zona el flujo sanguíneo es mayor y es más fácil de aplicar por lo que el olor durará más tiempo.

Y ya, para casi profesionales, dos zonas algo más recónditas. La primera, tu espalda a la altura de las lumbares, una zona de frecuente sudoración que puede quedar disimulada con las fragancias y como nota final, las corvas. Ese rincón perdido detrás de la rodilla es un lugar propicio para que todo tu cuerpo exhale el mismo aroma sin perder nada de potencia.

Cuando tengamos controlado esto recordad sólo tres claves más. La primera, no se frota una fragancia. Destruyes las moléculas que lo conforman y su olor desaparece antes. La segunda y muy básica, aunque tú no lo sepas, llevas tu fragancia. Así que no lo apliques doce veces porque creas que has perdido aroma.

Eso sí, sentimos no serte de gran ayuda en un tema que seguro te ronda. ¿Difusor en spray o aplicador? La batalla está servida y hay motivos a favor y en contra de ambos, así que utiliza el que más se ajuste a tus deseos.

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