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Amor y sexo, los habitantes del cerebro

Esto era algo que ya sabíamos, al menos lo intuíamos porque nuestra juventud se ha ido encargando de dejárnoslo claro, pero ahora está comprobado científicamente y, al parecer, tienen suites en el cerebro.

CRISTINA ROMERO | 3/10/2016
La ira, el miedo, el deseo y otras funciones cognitivas estaban estudiadas y tenían avalado científicamente un sitio concreto en el cerebro, pero el amor y el sexo eran dos arduos elementos de estudio que todavía no tenían cama fija por ahí arriba (abajo ya sabemos que sí).

Ahora, la Universidad de Concordia, la de Virginia Occidental y Sycaruse junto con el Hospital Universitario de Ginebra han determinado el lugar del amor y del sexo en el cerebro, así como las causas que nos llevan a pensar, soñar o suplicar por estos dos elementos del día a día.

La conclusión con la cual hay que quedarse para tener las cosas claras de cara a futuros encuentros (interprétese libremente) es que el amor va de la mano del apetito sexual y no pretenden separarse. No por ahora. Así que si queremos gozar de una buena salud mental y sexual, mejor irse a la cama teniendo al lado a la persona capaz de proporcionarte las dos cosas. ¿Qué por qué? Porque se ha demostrado que el amor activa la ínsula y el núcleo estriado interno del cerebro, justo donde se encuentran las emociones humanas y el aclamado apetito sexual.

Teniendo esto claro, cabe mencionar una minuciosa diferencia: el deseo sexual se activa por razones placenteras como el sexo y la comida. Bendita comida. Y bendito sexo. Pero el amor activa la zona del cerebro que da valor a las mencionadas razones placenteras, de manera que todos los caminos llevan a Roma aunque cada uno parta de su propia casa.

Por muy fea que te parezca Roma, mentalízate que la visitarás.

Mientras el deseo ha sido siempre un elemento bien identificado, el amor y el sexo presentaban más problemas para ubicarlos en un determinado lado del cerebro, pero las dudas se disiparon cuando en estos estudios se vio cómo personas sometidas a la visualización de imágenes eróticas reaccionaban (prácticamente) igual que el ver fotos de familiares. Así lo revelaron las resonancias magnéticas que se iban realizando simultáneamente y la explicación tiene que ver con lo ya mencionado: el amor, sea del tipo que sea, despierta el mismo interés que el acto sexual.

Dicho de otra manera: la quieres, te pone. ¿Te pone? Pues acabarás queriéndola.

Foto: Amor y otras drogas, 2010
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