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20 Minutos

Ruta de bares por Malasaña

ROCÍO IGLESIAS | 7/4/2017
La redacción ha hablado

Hipsters, amantes del centro, reconocedores de la noche madrileña, cuidadores de las cervezas en plena calle, guiris, chinos, menos modernos, nuevos modernos, hippies y creativos. Malasaña se llena cada día de un montón de gente en busca de algún rincón donde esconderse del sol (o de donde salir a buscarlo como lagartos), de algún bar donde encontrar su próximo fichaje y de todas las copas posibles. Además ahora, con eso de que se ha vuelto a poner de moda (hace ya muchos años) Calle Pez, Corredera Alta, Espíritu Santo o La Palma no descansan. Literal.

Después de delimitar cuidadosamente lo que sí es Malasaña y lo que no (¿entra el Tribal? ¿qué es Fuencarral? ¿Conde Duque está permitido?) hemos hecho nuestra lista definitiva de bares favoritísimos en Malasaña. Cuidado, que allí no somos redactores y fotógrafos de Esquire, somos habitantes de la noche (tarde o incluso mañana) de Madrid.

El Mandil (calle Colón, 5). La medio-esquina de la calle Colón ofrece mucho más que cañas y tapas decentes tras una gran cristalera. De hecho están muy ricas y se trata de un lugar muy agradable en el que el hiper hipsterismo no ha llegado. Banquetas altas, gran barra y una tarta de queso que, prometemos, dejará el cañeo de lado por un rato. También tiene una faceta de restaurante más sentada y cometida. Pero nosotros estamos de bares.

Mezcaleria (calle San Vicente Ferrer, 25). La primera mezcalería de Europa (tiene otras tres en México) y ahora se han cambiado a otro local más grande y mucha música. Más garito. Estamos orgullosos de estos centroamericanos que comprenden la noche madrileña..

El Rincón (calle del Espíritu Santo, 26). Es uno de esos sitios donde puedes tener una cita y, solo si quieres, salir corriendo sin problema. Justo al lado de la mejor pizzería de Madrid, la argentina El Cambalache, este rincón (porque es un rincón) tiene pinchos de tortilla bastante apetecibles y cañas bien tiradas. Además dentro de la propia esquina hay otros rincones que hacen de este lugar, no solo por estar bien decorado, un momento madrileño único.

La Tetería de la Abuela (calle del Espíritu Santo, 19). Del mismo corte que El Rincón hay que reconocer que las cañas en este bonito lugar son un poco caras. Todo sea por mantener ese arsenal de luces de Navidad que permanecen encendidas para crear el ambiente perfecto. Uno de esos ambientes que se perciben desde la ventana y hacen que tu novia piense: "pero qué monada". También es muy apto y recomendable para picar algo.

La Vía Láctea (Calle Velarde, 18). Venga, pillín, que aquí ya has estado. Es como si te habláramos del Toni 2 y no supieras dónde se pone en el mapa. Este bar que nos hace estar en el Espacio transporta a cientos de madrileños, Erasmus y forasteros a lo que la noche requiere. Copas para las noches y refrescos para los domingos por la tarde, siempre abierto y siempre dispuesto. Avisamos que la mezcolanza de gente que se encuentra actualmente en este garito es bastante brutal.

La Catrina (calle Corredera Alta de San Pablo, 13). Otro lugar de ambiente mexicano que da un poco de reparo en la entrada. Pero, nada más lejos de la realidad, a parte de comer muy bien en este restaurante, cuando se convierte en bar las margaritas y los chupitos de tequila se sirven como churros (por cierto, ¿qué pasa con la churrería de Malasaña? ¿por qué no abre nunca?). Un lugar "pequeño y cuco" que sorprende a todos.

El Penta (calle de la Palma, 4). Un clásico de los 80. Quien pudo disfrutar de los 80 se habrá encontrado, muy fácilmente, con los Nacha Pop u otros modernos de la época. El bar por excelencia de la Movida Madrileña. Nos gusta porque es mítico y porque está muy bien situado.

Café La Palma (calle de la Palma, 62). Puedes empezar tomándote un café entre cojines y acabar inmolándote a copas en un concierto. Otro de los clásicos muy cerca de la zona de Conde Duque, donde podrás aprovechar una expo para después escaparte.

Al Laboratorio (calle Colón, 14). Pequeño y con un trasfondo que a cualquiera de nosotros nos encantaría borrar. En frente de El Mandil este lugar en el que las copas y las cervezas corren que da gusto la música (si tienes suerte ) la pones tú. Además siempre está lleno, pese a que ahora se encuentre cerrado "por vacaciones". Acaban de abrir, justo a su lado, un lugar algo roquero donde seguir la fiesta será muy fácil. No sabemos si es recomendable (por eso de la resaca) lo que sí tenemos claro es que lo pasarás de miedo. Recientemente cerrado.

Bodega de la Ardosa (calle Colón, 13). Cerveza tirada de campeonato y conservas. Cocina: cazón y salmorejo. No es que sea un clásico es que es de los mejores. De los que merece la pena visitar y de los que nadie se puede perder. El camarero sabe lo que es la cerveza y te prepara una de las mejores de Madrid (por no decir la mejor). ¿Para acceder al otro lado de la sala o al baño? Un clásico en Malasaña: hay que pasar por debajo de la barra. Además, y ya hace tiempo, hacían concursos de cuántas pintas se podía tomar uno en cuatro horas. Escoceses o irlandeses dejaban a los madrileños en muy mala posición ya que ellos sí seguían las reglas del juego: nada de caerse, ni vomitar, e iban acompañados por un amigo.

Barco (calle del Barco, 34). Para amantes de la música en directo y de las noches largas este bar-garito-discoteca os va a venir muy bien. Altamente recomendable para gente que quiera tomarse la última, la penúltima o la primera.

La Ida (calle Colón, 11). Otro lugar que recuerda a El rincón en el que tomarse a una caña barata con amigos será fácil. No si sois muchos porque el lugar es pequeño pero encantador. Mojitos, tartas, cañas y mucho lugar de paso.

Picnic (calle Minas, 1). Con cristaleras a la calle este bar consigue llenarse siempre. A partir de la primavera abren sus puertas y se queda como un lugar totalmente accesible cosa que se agradece en el centro. Treintañeros con mucho estilo y paseantes que se cuelan desde calle Pez.

El Fabuloso (calle Estrella, 3). Nos gusta mucho más que el nuevo Coconut. Es un clásico, un viejo amigo y un lugar con buena música. Abre hasta las dos y es uno de los imprescindibles de los 60 y 70. Todo muy kitch.

El Rey lagarto (calle Martínez Izquierdo, 53). Música rock, un ambiente malasañero de esencia (es decir, la de antes, la de verdad) y un lagarto en la puerta. Poco más podemos contarte de este lugar pese a que hayamos ido muchas veces. Es posible que sea porque no nos acordamos.

Little Angie (calle La Palma, 8). Un incondicional para la adolescencia y un lugar donde tomar tercios. Con bucle de vídeos de clasicazos del rock en la pantalla que viste la sala y simplemente por la canción que le pone nombre nos gusta. Es el hermano pequeño del Angie de la calle San Vicente Ferrer.

Fábrica Maravillas (calle Valverde, 29). Pudiendo elegir entre las cuatro cervezas que tienen recién hechas (tú ves como las hacen) es uno de esos bares que muy rápidamente se ha hecho con la calle, la acera y el sentimiento de que por qué no estaba allí antes.

Madklyn (calle San Andrés). Allí nos encontraréis (probablemente) un viernes o un sábado por la noche. La música y las copas acompañan a la Plaza del 2 de Mayo que se queda encendida gracias a este garito y pocos más. Típico bar en el que ponen buenos gin tonics.

Martínez. Muy bonito y llamativo por sus brunch y sus gin tonics. Además también tienen tartas, cafés y otras cosas algo más sanas que hacen de Malasaña un lugar decente entre tanto alcohol y desidia. Tampoco es que estemos diciendo que aquí no puedes beber y perderte en la noche, pero no es su cometido principal, la verdad.

Casa Camacho (calle de San Andrés, 4). Pasando por debajo de la barra para ir al baño te darás cuenta de que este mítico bar de yayos (imperativo ir específicamente a por un yayo) también era mítico hasta para tu abuelo. No exageramos. Te gustará pasado los 5 minutos de estar allí, al principio choca un poco.

The Passenger (calle pez, 16). Podríamos decir que actualmente este bar-tren es uno de los más demandados de la zona y, aunque no sea de nuestros imprescindibles, acabamos inevitablemente allí por la inercia que la corredera baja nos impone. Cócteles aceptables y música de todo tipo en un bar con mucha caja los fines de semana.

Cafeína (calle del Pez, 18). También por la zona el espacio que presenta este bar es muy cómodo y el ambiente tranquilo. Música animada y lo normal de gente, tampoco se pone a reventar y el precio es el estándar.

El Naranja café (calle San Vicente Ferrer, 53). Más que un bar, este, es un espacio cultural en el que hay exposiciones, eventos y buenas intenciones. Un lugar abierto a todos en el que se pueden proponer ideas y donde, sí, sí ponen aperitivo.

Tipos Infames (calle, San Joaquín, 3). Entrando a Malasaña ya te das cuenta de que empiezas a estar en el barrio hipster al ver lugares como este. Una biblioteca en la que la lectura se complementa de una buena copa de vino. ¿Hipsterismo? ¿intelectualidad? El lugar merece la pena sea lo que sea.

Tupper Ware (calle Corredera Alta de San Pablo, 26). No te darás cuenta de que vas borracho hasta que tengas que subir todos los escalones que requieren salir de esa salita de grillos para llegar al baño por unas escaleras que son de subida. No es que no nos guste, es que, como todos, lo tenemos bastante visto. Un lugar decorado alocadamente donde las copas están infladas. Inevitablemente solemos acabar allí, cosas que pasan.

La Realidad (calle Corredera Baja de San Pablo, 51). Decorado al más puro estilo madrileño del 2010’s este sitio nos gusta por sus mesas, sus cócteles y sus buenas intenciones. La disposición de su barra no puede ser mejor y cuidan los detalles. Más para hablar de la vida y la muerte con un colega que para bailar hasta el amanecer, eso sí.

Gorila (calle Corredera Baja de San Pablo, 47). Reconvertido en un sitio de bagels y cerveza brooklyn este bar es uno de esos que están abiertos a todas horas. No te arrepentirás de tomarte un café a las 11,30 de la mañana sabiendo que fue allí, justo allí, cuando probaste esa primera cerveza. Y eso que era martes…

Indreams (calle de San Mateo, 4). De estética vintage, rosa y –¬ahora¬– moderna este café gusta a muchos por el buen ambiente que se respira y las buenas ganas de tomarse un copazo que todo el mundo tiene. Una auténtica coctelería que quiere hacer a todo el mundo un poco más feliz.

Ocean (calle San Vicente Ferrer, 27). De reciente creación es otro de los lugares que te sumergen (literalmente dado que parece un océano por dentro) en el Madrid actual. Regentado por dos jóvenes que se lo han jugado todo a cara o cruz este bar tiene buenos precios, gente y joven y siempre está lleno. Lleno, lleno.

Café de Ruiz (calle Ruiz, 11). Algo más tranquilo y con las ventanas dispuestas a la calle este café ofrece conciertos muy bien recibidos por las tardes y hace que la subida para salir de Malasaña sea más llevadera. Se recomiendan las cañas bien tiradas y los cafés, que para algo se hace llamar "café".

Palentino (plaza Carlos Cambronero, 1). De los de toda la vida. De los que huele un poco mal al entrar y de los que tienen aforo a las 00,00h. Siempre lleno, en este lugar te puedes tomar desde una copa hasta un bocata de beicon y queso. Eso sí, siempre con los fluorescentes bien encendidos. Que se note.

*Nos gustan aunque no sabemos por qué. Garantizamos garrafón.
*Este artículo puede sufrir modificaciones. Las modas cambian.
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