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¿Por qué ayudas a los demás?

PABLO GRIS | 10/8/2017
Ya sea por ver una injusticia o porque creemos que en nuestra mano está la posibilidad de solucionar el problema de alguien, muchas veces nos lanzamos a ayudar a los demás. Pero, ¿tiene la ayuda gratuita una explicación psicológica?

En muchos casos, la ayuda se proporciona por creencias éticas o ideológicas, ya sean características de la sociedad en la que se vive o propias de la persona en cuestión. Ejemplos de esto podrían ser el "ayudar al prójimo" del cristianismo, la recompensa del karma del budismo o principios cívicos sobre la convivencia en sociedad. Sin embargo, no todo son principios ideológicos adoptados durante la etapa de madurez.

Esta necesidad de ayudar a otros se ha observado en niños de diferentes países y culturas. Esto se debe a que al ver personas que necesitan ayuda se activan diferentes emociones en nuestro interior. Dependiendo de la emoción que se sienta, la respuesta será diferente.

La emoción puede ser empática, es decir, que la persona entiende el problema en el que se encuentra el otro (ya sea porque lo ha vivido o porque lo ha visto a su alrededor) y, por tanto, quiere ayudar a la otra persona. En este caso, al verse reflejado, la persona entiende que si le pasase a él o ella, le gustaría recibir ayuda.

También puede haber emociones negativas que motiven la ayuda. Por ejemplo, si se siente ira o rabia en contra de otra persona (por ejemplo, cuando la persona que necesita ayuda ha sido robada, agredida o insultada), ésta emoción será la que conduzca las acciones posteriores. Otras veces es la propia culpa; por ejemplo, si la persona que ve ese problema no ayudó en el pasado a otra persona en una situación similar, o que esa persona hubiera cometido una injusticia similar de la que luego se sintió culpable.

En cualquier caso, el aprendizaje y la carga emocional son muy importantes. Si de pequeños tuvimos experiencias en las que nos vimos reforzados por ayudar a alguien o si por el contrario nuestra ayuda tuvo consecuencias negativas, eso conformará nuestra respuesta inmediata e inconsciente una vez llegados a la etapa de madurez.

El aprendizaje puede ser por experiencia propia, como la descrita anteriormente, o en cabeza ajena, lo que se conoce como aprendizaje social. También aprendemos de lo que hacen los demás en sociedad, es decir, que si a nuestro alrededor hemos visto consecuencias positivas de la ayuda altruista, esto nos condicionará más para llevarla a cabo que en el caso contrario.

Por supuesto, también hay que diferencias entre la ayuda altruista (motivada por un sentimiento de autorealización personal y emociones positivas para con uno mismo) y la ayuda egoísta, que espera algo a cambio. Esto se ve bien en los niños a los que se acostumbra a recompensar con chucherías o regalos, que acaban acostumbrándose a hacer las cosas a cambio de algo, una conducta que se acaba arrastrando a la madurez.

Sin embargo, aunque hay factores condicionantes, como la cultura con sus cuentos populares, las creencias religiosas, la infancia o nuestro entorno, la ayuda no es más que una elección que uno puede tomar libremente con tan solo pensar: ¿Y si fuese yo?
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