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Sobrevivir al síndrome postvacacional

PABLO GRIS | 9/8/2017
Volver a la oficina, la rutina, madrugar, el estrés, los horarios… Agobia solo de pensarlo. Pero todo se pasa, incluído el doloroso síndrome postvacacional.

Este síndrome consiste en una falta de energía y una tristeza que produce un cansancio psicológico que le hace a uno lento y poco productivo. Esto no solo afecta a las horas de trabajo, sino que se alarga durante todo el día. Otras características son la apatía, la falta de concentración e incluso puede llegar a producir malestar físico o dolores de cabeza.

Es más común de lo que parece, pues se calcula que afecta a un 30% de los trabajadores, aunque no a todo el mundo le afecta igual. Depende del tipo de trabajo, las vacaciones vividas y, sobre todo, de la personalidad.

Aquellas personas que tienen más capacidad para afrontar la frustración aguantan mejor este síndrome, o no lo padecen. Tiene mucho que ver con la capacidad de afrontar y entender las experiencias vividas como negativas. Para superarlo se requiere mucha inteligencia emocional para entender los sentimientos negativos que llegan y así saber analizarlos y superarlos.

Sin embargo, los estudios demuestran que las personas con periodos muy largos de vacaciones son las más propensas a sufrir el síndrome postvacacional. Esto se debe a que, cuanto más largo, más lejano es para la mente el recuerdo de las sensaciones y la mentalidad vivida durante el trabajo. Se desconecta más, lo cual produce que al volver uno se ve más desmotivado. Por ello, los expertos aconsejan dividir los periodos de vacaciones en vez de cogerlos todos de seguido.

Hay consejos que pueden ayudar a sobrellevar este choque (la reincorporación al trabajo) de manera que no afecte tan negativamente. Por ejemplo, se puede incorporar poco a poco a la rutina: levantarse pronto los días antes de empezar a trabajar de nuevo ayuda.

También es importante no cargarse de mucho trabajo el primer día e ir poco a poco. A veces esto no es fácil dependiendo del trabajo, pero conviene mentalizarse los días anteriores, entender que ya llegarán más vacaciones y que tener una buena actitud le hará a uno estar mejor durante el periodo de trabajo.

Por último, otro consejo (que no está directamente relacionado con el síndrome postvacacional, pero ayuda) es el de tener unos hábitos saludables que fomenten el buen humor: comida buena y equilibrada, dar paseos, socializar o hacer deporte son costumbres que pueden generar un mejor estado anímico.

Como todos tenemos que reincorporarnos tarde o temprano al trabajo, tomárselo con humor y con cabeza ayudará a no ser la oveja negra de la oficina que contagia a sus compañeros y hace que también entren dentro de esa nube negra llamada el síndrome postvacacional.
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