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¿Qué es y cómo nos afecta el Big Data?

ALFONSO MARESCHAL | 15/5/2017
¿Podrías vivir sin Google o Facebook? Corrígeme si me equivoco, pero creo que no. Sus servicios se han convertido en algo tan esencial en nuestra vida que, si de golpe y porrazo desaparecieran, no sabríamos qué hacer. Parece adicción, lo sé, pero no vamos a centrarnos en los perjuicios que generan, que no son pocos; y menos aún en sus beneficios, que tampoco son tantos. De lo que vamos a hablar es de la manera en la que funcionan como negocio.

Aparentemente, buscar en Google, meterte en Facebook, navegar con tu iPhone o buscar gangas por Amazon son actividades gratuitas. Ya gastaste suficiente dinero en comprarte un ordenador, un móvil de último modelo o una tableta de 400€ como para que te cobren por usarla y disfrutar de Internet. Las compañías especializadas lo saben y te ofrecen una experiencia a coste cero, con la que tú te quedas satisfecho y con la que ellos reciben su beneficio. Pero, ¿de qué clase de beneficio se trata si no es económico?

Tal y como aparece en un titular de The Economist, "el recurso más valioso del mundo ya no es el petróleo sino el data". El big data, concretamente. Esas fuentes de datos que se desprenden de nuestros propios intereses y nuestras propias búsquedas en Internet, que son capaces de otorgarle a cualquier compañía los datos suficientes sobre nosotros mismos. Como dice el mismo artículo, "los teléfonos inteligentes e Internet han creado una gran cantidad de datos, omnipresentes y mucho más valiosos. Ir a correr, ver la televisión o estar simplemente sentado frente a la pantalla del ordenador crean más y más materia prima digital para la destilería de datos." Compartirlo todo en redes sociales, por ejemplo, ayudará a Facebook o Twitter a saber cuáles son tus gustos y tus preferencias, y, en el momento dado, podrá venderle esa información a cualquier empresa interesada, la cual te bombardeará con publicidad específica y te hará caer en su juego.

Jaron Lanier, uno de los pensadores más influyentes de la actualidad, escribió un libro al respecto titulado ¿Quién controla el futuro? (Debate, 2014), y en él reflexionaba acerca de lo siguiente: "Se olvida con mucha facilidad que ‘gratis’ significa inevitablemente que otra persona decidirá cómo vivimos." En este sentido, la competencia es brutal y todas las empresas digitales quieren conocer a fondo a sus clientes, ya sean reales o potenciales. En la obra de Lanier, por ejemplo, se habla de cómo el big data favoreció a determinadas empresas aseguradoras de Estados Unidos. El caso es algo mezquino, pues la rentabilidad de estos negocios reside en los clientes más saludables y menos propensos a necesitar asistencia médica; pero su vocación de servicio es justo la contraria, pues quienes más lo necesitan son las personas enfermas y, en muchos casos, con menos recursos. Pues bien, a través de la información que dejaban los sujetos en Internet, las aseguradoras médicas decidieron que, para aumentar sus beneficios, solo se dedicarían a asegurar a quienes los algoritmos indicasen. Es decir, ayudarían a aquellos que menos necesitaban contratar un seguro y dejarían a una gran cantidad de estadounidenses en la estacada, sin opción a una cobertura sanitaria digna.

Como todo, también puede tener beneficios, pues en la propia industria médica y en la salud pública es conveniente tener la máxima información acerca de los pacientes. Lo que hace la era de Internet es acercarnos a lo peor y a lo mejor del ser humano, y esta dicotomía solo parece resolverse según la ética de cada profesional. Al fin y al cabo, todo sigue dependiendo de nosotros mismos y no tanto de la tecnología. No dejemos, por lo tanto, que ella nos controle. Y mucho menos que nadie nos controle a través de ella.
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