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¿De verdad esto era el siglo XXI?

MATEO RIVALTA | 19/3/2017
Una vez me dijeron que el progreso era la intención de arreglar algo que simplemente no estaba roto. Pues bien, ahora creo que Madrid progresa demasiado, y no adecuadamente como cuando en el colegio si no eras muy despabilado pronto entrarías en los necesita mejorar.

Es en esa guerra donde veo que Madrid pierde su esencia. Esa que tiene nombres propios como el Café Comercial, como Embassy, como Alkalde o como el Cine Palafox (del que te hablamos hace unas semanas). Nombres ilustres que durante años y décadas han dado vida a tertulias, cafés, meriendas o tardes madrileñas en las que se criaron generaciones.

Ahora muchos de ellos cambian de nombre. Cierran, se van a la periferia o simplemente ‘diversifican’ el negocio, uno de los bonitos eufemismos que nos trae la nueva centuria para justificar los cierres. ‘No es rentable’ dijo uno, ‘hay que cambiar de estilo’ dijo el de más allá, ‘cerremos’ gritó un tercero. Y en esta mezcla de jacobinismo teñido de rentabilidad económica nos vamos cargando poco a poco los lugares que daban lustre y sentido a nuestras calles.

Esos locales que hacían de Madrid única a su manera. Establecimientos llenos de recuerdos y marcados de solera que habían sobrevivido al paso del tiempo durante décadas y que ahora echan el cierre. Uno, que se hace mayor, no sabe si es porque las cosas llevan mucho tiempo yendo mal o porque el cuerpo ha enfermado demasiado deprisa.

Puede que sea una mezcla de ambas pero lo que sí tengo claro, sea paciente o médico, es que Madrid necesita mejorar y no será precisamente llenándose de más tiendas, convirtiendo cada retazo de historia en un probador nuevo o trasladando restaurantes míticos a las afueras como si fueran proscritos.

Lo dicho. Si esto era el siglo XXI lo podían haber avisado, que me habría bajado hace unos años.
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