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Las pequeñas deudas que el mundo aún tiene con Albert Einstein

DANIEL AVENIDA | 14/3/2017
Lo vamos a hacer muy rápido (aunque este término sea del todo inútil, pues todo lo referido al tiempo se nos vuelve por completo subjetivo e incomprensible). Bueno, vamos a empezar, que si no nos perdemos antes de que todo comience (¿Pero es que comienza? ¿De verdad podemos señalar un punto de inicio? ¿Se entenderá algo de lo que digamos a continuación?). Ya, fuera líos; la historia empieza en 3, 2, 1.5, 1.4, 1.3, 1…

El tipo nació el 14 de marzo de 1879, en Ulm, Alemania. Le pusieron de nombre Albert, pero lo que nadie olvidó jamás fue su apellido: Einstein. Aunque mejor vamos a explicar un par de cosas antes de llegar a ese momento, el de la fama y la inmortalidad.

En 1880 se traslada a Múnich, donde vio pasar los días y las noches hasta cumplir los 15 años. Un segundo, ¿os imagináis a un chico inteligente, despierto y con un talento de esos que se observan a kilómetros de distancia? Pues lo cierto es que llegaron a pensar que tenía alguna deficiencia, con lo callado, solitario y ‘especial’ que era. Se equivocaban, eso está claro, pero durante mucho tiempo tuvieron motivos para pensarlo. Y así, entre desprecios y risas, el pequeño Einstein fue creciendo, primero en Múnich y después en Pavía, hasta quedar deslumbrado por Mileva Maric, una joven de 22 años a la que Albert debe muchas cosas.

A comienzos del siglo XX ya tenía la nacionalidad suiza, se había casado con Mileva y discutía sus ideas científicas con ella. Como no encontraba trabajo después de obtener el título de profesor de matemáticas y física, un amigo le ofreció empleo en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Berna. Allí trabajó desde 1902 hasta 1909, momento en el que escribe la teoría que todo el mundo conoce (pero que pocos logran entender): La Teoría de la Relatividad Espacial, Eso sí, que nadie de olvide de su tesis, Una nueva determinación de las dimensiones moleculares, de su trabajo sobre el movimiento browniano o su análisis sobre el efecto fotoeléctrico. Vale, la relatividad es lo que todo el mundo conoce, pero ni os imagináis lo importantes que son éstas (y otras) investigaciones.

Y así, con 29 años, el señor Einstein se convierte en profesor de la Universidad de Berna, y los físicos de todo el mundo no dejan de discutir sobre su gran teoría. Durante esta época hay mil giros a nivel personal (divorcio, ingreso del hijo en un psiquiátrico, muerte de ese mismo hijo, …), pero nos vamos a centrar en otras cuestiones.

Después de ver cómo varios físicos de ideología nazi tratan de echar por tierra su trabajo, Einstein decide marcharse de Alemania. La gran oportunidad la encuentra en Estados Unidos, (un año antes de que Adolf Hitler fuese elegido canciller) donde comienza a trabajar para el Institute for Advanced Study. ¿Y eso por qué lo contamos? Pues muy sencillo: porque Einstein se convirtió en una pieza fundamental para el desarrollo de la política y los movimientos sociales de la época, algo que muchos recordaran por la carta que escribió a Roosvelt sobre el proyecto atómico o las miles de declaraciones que uno encuentra estampadas en camisetas y lapiceros.
En 1955, mientras intentaba descubrir una teoría que unificase las Fuerzas Fundamentales, Eintein sufrió una hemorragia interna y se fue sin hacer ruido. Tenía 76 años. Y la mitad del mundo le recuerda por algo que es incapaz de comprender, una teoría única que pertenece a un hombre excepcional.

Hoy, 14 de abril, cumpliría 138 años.

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