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Di adiós al sueño de Jurassic Park: la clonación de extintos no es posible

DANIEL AVENIDA | 5/3/2017
¿Os acordáis de aquel mosquito encerrado en ámbar que sirvió como excusa para que Michael Crichton desarrollara todo el argumento de Jurassic Park? Bueno, el que no se haya leído el libro puede que se ubique mejor si le hablamos de Spielberg y de toda la saga jurásica que tanto dinero acumuló en taquilla. Pues bien, aquella idea era una estupidez.

La ciencia ha demostrado que no se pueden clonar las especies extintas. Así de sencillo. Ni ADN, ni ámbar, ni mosquitos atrapados. Nada. Sólo la imaginación puede traer de vuelta a aquellos seres vivos de insultante tamaño y admirable presencia ante las cámaras. Lo dicen los científicos, que de esto saben un rato.

La polémica la desató George Church, de la Universidad de Harvard, al asegurar que podría clonar un mamut lanudo en pocos años. Por eso, un grupo de investigadores de Canadá, Nueva Zelanda y Australia se pusieron manos a la obra para estudiar las posibilidades de clonar especies extintas y reintroducirlas en un nuevo entorno. El resultado fue que terminaron peleando cuando surgió el tema del dinero, pues la inversión necesaria sería tan alta que acabaría por perjudicar el desarrollo de ramas más importantes. Aunque esto pasa a un segundo plano si nos centramos en la pregunta inicial: más allá del dinero, ¿qué impide la clonación de especies extintas?

Traer de vuelta a un animal que desapareció hace siglos implica la variación del ecosistema, la alteración genética de su especie para garantizar su supervivencia, aumentar su fertilidad, mejorar su sistema inmunológico y variar sus métodos de caza y adaptación. Todo esto supone un gasto aún mayor, y únicamente resultaría de interés si puede obtenerse de ello algún beneficio. Pero, ¿qué clase de beneficio? Aplicación médica, uso militar o alimentación son algunas de las respuestas que dieron los científicos sobre las posibilidades que encierra este proyecto.

Para que todo quede claro, los investigadores realizaron un estudio sobre los gastos y beneficios que supondría su idea. La fórmula era la siguiente: los presupuestos de programas de conservación en sus países de origen menos el coste de clonar las especies extintas es igual a… decenas de miles de millones perdidos, tan solo por el placer de ver cómo el mamut se pasea por un prado.

A todo esto, varios científicos añadieron la imposibilidad de calcular otros gastos imprevistos, así como los problemas éticos que pueden despertar este tipo de proyectos. Vamos, que la idea no tenía ni pies ni cabeza y que George Church se equivocaba de cabo a rabo.

La historia, con tanta pelea entre soñadores y aguafiestas, nos ha recordado a Los Simpson. Y es que Homer, en su infinita sabiduría, ya lo vio venir cuando dijo aquello de "bueno, tendrá todo el dinero del mundo, pero hay algo que nunca podrá comprar: un dinosaurio".
Y no se equivocaba.
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