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Premios Yago, la auténtica fiesta del cine no visible

REDACCIÓN | 2/3/2017
Hay dos cosas que creemos que no pueden faltar en esta vida, una es el cine y la otra es la ironía. Por eso nos encanta cuando mezclamos en ese sutil vaso que el tiempo nos da ambas para convertirlas en los Premios Yago, esos premios que hacen que el cine recupere su esencia y de los que estamos convencidos que los hermanos Lumiere hubieran aplaudido.

Año a año los Yago se consolidan como los Premios de cine más inusuales de nuestro país para demostrar que no es necesario ganar para celebrar. Por eso el martes desde Goya Social Club (ahí está la ironía) vivimos la entrega de la tercera edición de los Yago, los premios que galardonan a los profesionales cuyos trabajos no han sido suficiente brillantes para la Academia del Cine Español.

Una noche cuajada de nombres propios y de risas que contó con invitados premiados tan ilustres como Luis Miñarro, ganador del Yago de Honor, Álvaro Saenz de Heredia, quien recogió el Yago de Honor en nombre de Chiquito de la Calzada, el olvidado histórico, Carmen Machi, ganadora del Premio Impepinable, Marcos Freire, de Phenomena, Marc Crehuet, guionista y director de El rey tuerto, ganador del Yago al ‘éxito menos comercial’ y donde no pudimos contar con Paco León, ganador del Yago al ‘no nominado’ por Kiki, el amor se hace.

Una iniciativa que Santiago Alverú puso nombre hace ya tres años y que en esta edición volvió a hacer alarde de gamberrismo y buen rollo, todo aderezado por gentileza de la ginebra Hendrick’s que no se quiso perder un año más la cita más inusual del cine español y con la que brindamos por una velada que nos invita a volver a alzar las copas.




Santiago Alverú, Luis Miñarro, Álvaro Saenz de Heredia, Carmen Machi, Marcos Freire, Marc Crehuet, Luis Fabra, presentador de la gala.

Copas, risas, algunas carracas y trompetitas que pusieron el colofón final a una gala breve, intensa y llena de amigos para demostrar que en la vida, como en el cine, posiblemente lo importante sea participar y celebrar porque aquí no hemos venido a medir la calidad en metros de estantería.

Lo que sí tenemos claro es que los Premios Yago dan aire a un cine que amenaza con anquilosarse y donde es mejor salirse de las etiquetas.
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